Hola hijos:
Antes de empezar a compartir con ustedes acerca de mi experiencia con Jesús, pido al Señor Todopoderoso que los ilumine, les de sabiduría y discernimiento para que me puedan y puedan comprender, lo que a continuación les manifiesto:
Hoy, jueves 25 de octubre de 2007, desde Iquitos, les puedo decir que he vivido durante 33 años metido en la oscuridad, en las sombras, en la muerte, en el lodo, en el infierno, en la mierda.
Durante todo ese tiempo, he creído solamente en mí, en mis poderes, en mis fuerzas, en mi capacidad, en las delicias y en los placeres de la carne: lujuria, perversión, adulterio, fornicación, drogas; y todo lo que les es posible imaginar. Así he vivido durante ese tiempo.
Pero todo esto ha ocurrido porque yo lo permití, yo acepté esa forma de vida, y mi soberbia y arrogancia me decían que todo estaba bien y que podía continuar, porque veía que lograba éxitos, conseguía cosas y que con eso era suficiente, y hasta podía lograr y conseguir todo lo que yo quisiera. Sí. Lo hacía, pero nunca era permanente. Nunca era para siempre ni duraba lo suficiente.
Lo que yo desconocía era que la razón de este estado de cosas (promesas incumplidas, escepticismo de vuestra parte por lo que les decía, retrasos en nuestros objetivos, frustraciones, etc.) era el producto de la forma en que estaba viviendo.
Siempre he sabido (porque lo sentía antes y lo siento más hoy) que tenía ciertas facultades y facilidades para sentir y conocer a las personas; sin embargo, debo decir que también existen fuerzas sobrenaturales que tienen un poder que quieren igualar al del Señor, que me bloqueaban y apenas podía discernir y tener la certeza de lo que ocurría alrededor mío.
Todos somos LUZ y SOMBRA. Mi Luz en esa vida era menor que la Sombra, pues ésta la dominaba. Pero esa pequeña Luz era poderosa, porque era el deseo mío de servir y ayudar a los demás, que lo llevaba siempre en mi Corazón. Eso nunca lo dejé, pues lo exteriorizaba con la política y mis acciones. Eso fue lo que me salvó de ir más allá de la mierda en la que estaba metido.
Y esa pequeña Luz se hizo mayor y fue creciendo en mí cuando estuve en Lima el 2005, en la soledad, en el silencio, en la reflexión, en la meditación. Ya antes había aceptado al Señor, pero no “ejercía”, no lo vivía, era frío.
Sin embargo, ya de vuelta en Iquitos el 2006, seguía ciego y muerto en vida, caminando como dormido. Seguía en la misma vida y peor, porque en mi desconocimiento, seguía siendo cómplice de perversiones, aberraciones y atrocidades. La casa en la que alguna vez vivimos últimamente, realmente era el infierno y la oscuridad y por eso la lucha constante entre nosotros (la familia) y yo con aquella persona, porque estaba muy cerca de saber lo que realmente estaba ocurriendo. Sentía lo que pasaba, pero por alguna extraña razón, me era difícil entender lo que debería haber sido realmente fácil conocer.
Fue en este año, febrero o marzo, en que cambiaron muchas cosas en mí. Mejor dicho se profundizaron: deseaba estar solo, estaba metido en esa cueva en que se convirtió el cuarto en el que vivía, no deseaba ver a nadie, rehuía de todo contacto con el exterior, gustaba de la noche para sentirme libre, todavía era presa fácil para que conmigo continuaran haciendo lo que deseaban. Pero la voluntad del Señor es tan grande, que esa debilidad me lo convirtió en fortaleza: esa cueva se convirtió en el medio para aislarme, sosegarme y meditar y aprender a orar. Empecé a leer muchos libros, y escribía sobre eso y me alentaba a seguir escribiendo. Los libros eran muchos: meditación, autoayuda, historia, biografías, novelas, cuentos. Y encontraba en cada libro un mensaje que iba despertando en mí nuevas sensaciones e inquietudes. Pero el libro más importante que empecé a leer con gusto, reflexión y meditación fue La Biblia. Poderosas palabras del Señor que son capaces de cambiarlo todo, absolutamente todo.
Sentía la necesidad de acercarme más al Señor y lo acepté en mi Corazón, más que por pena, tristeza o dolor, por conocerme, conocer a los demás y conocer lo que ocurría alrededor mío.
Es así que empiezan a ocurrirme cosas extrañas y maravillosas: empiezo a “ver” señales en la televisión, en los diarios, empiezo a estar en estado de plena consciencia, de saber con certeza lo que estaba ocurriendo. Las señales se manifestaban en palabras o en números.
Fue en el mes de junio que, coincidiendo con un viaje que hizo la sombra con la que vivía, que mi mente increíblemente se despejó y empecé a escribir artículos políticos y propuestas como hacia mucho tiempo no lo había hecho. Escribía fervorosa y frenéticamente, sentía la necesidad de expresarme, de decir lo que tenía que decir, esos fueron momentos de intensa lucidez que no lo comprendía, no me cansaba de escribir, me amanecía y no me sentía cansado, deseaba continuar haciendo lo que estaba haciendo, y enviaba mis escritos por correo electrónico a mucha gente.
En esos días, a finales de junio, “inauguro” mi blog y cuelgo ahí los artículos que había escrito recientemente. Pero las señales me habían llevado a leer a Santiago. Ahí el Señor me decía que continuara teniendo la actitud de servicio y amor hacia los demás. Posteriormente, revisando los artículos que había escrito, me percaté que las fechas eran una sucesión interesante: 7, 14 y 21. Lo primero que hice fue asociar estos números con La Biblia. Pensé que era el capítulo 7 y los versículos 14 al 21 de alguna parte de La Biblia. Estaba muy inquieto por saber de qué se trataba.
Un domingo de San Juan (24 de junio), estando en la casa de mamá Vita, me dice que se van al estadio al Festival de los Ríos (festival cristiano). Al retorno, mamá Vita me entrega un folleto: era la respuesta que esperaba. La carátula decía Efesios. Me dije, éste es. Y fui a La Biblia a buscar el capítulo 7 de Efesios. Pero no había. Solo tiene 6 capítulos. Entonces, ¿qué es? me pregunté. Y lo que hice fue leer los versículos 7, 14 y 21 de cada capítulo de Efesios.
Fue la experiencia más maravillosa que tuve en mi vida. Mientras leía los versículos, sentía que me iba inundando una luz que empezaba desde mis pies, e iba subiendo por todo mi cuerpo, hasta coparlo todo; me hizo ver una luz intensa que me hizo sentir indestructible, imparable, invencible, todopoderoso. Pero lo que ví y sentí a continuación, fue extraordinario, sensacional, increíble: Yo era todo el Universo y el Universo era en Mí. Eramos todo en uno. Y lo vi en una luz intensa, clara, indescriptible. Fueron los momentos más maravillosos que puedo siquiera describir, porque la sensación de poder de ese momento era tal que ya para mí, nada era imposible en este nuevo estado.
Al terminar la lectura de los versículos, me fui a sentar en la mecedora que está en la sala frente al televisor. Lloré intensamente sin decir nada, con gruesas lágrimas que nunca antes habían salido de mis ojos. El llanto era de alegría, de felicidad, de sorpresa, de admiración, de incredulidad; porque me decía y preguntaba a mí mismo ¿Quién soy yo para recibir todo esto? ¿porqué me ha elegido a mí, si ni siquiera me lo merezco, sabiendo quién soy yo? ¿cuál es la razón de haberme dado esta intensa señal?.
Luego del llanto silencioso, me invadió y sentí una paz, una tranquilidad y una armonía tan intensa y plena como nunca antes, que a su vez me hizo sentir como una nueva criatura, un recién nacido, un nuevo hombre. Me sentí renovado, me sentía otra persona, una nueva persona.
Hasta aquí, aun vivía yo en la oscuridad. Todavía no me mudaba. Pero sentía la necesidad de salir de esa cueva. Sentía una fuerza que me decía que saliera lo más pronto de allí. Y así lo hice. Sin decir a nadie nada, sin hablar con nadie, embalé todas mis cosas y le pedí prestado su carro a papá Ernesto y me mudé a su casa, previo conversado con él y mamá Vita. En principio, salí como si todo continuaría igual con respecto a esa relación. Pero, estando en mi nuevo aposento, pude ver a la distancia muchas cosas nuevas que se me revelaban.
Pero aun no veía todo. Fue necesario y fundamental, luego de leer un versículo al respecto, que aceptara a Jesús en mi Corazón, porque ya el Señor, nuestro Dios estaba en mí, pero faltaba Jesús. Lo que ocurrió luego de esto (aceptar a Jesucristo) fue mucho más increíble: me permitió “ver” todo lo que estaba pasando, lo que había pasado en mi vida con esa persona, y quién era realmente esa persona. Ese fue el momento en que decidí cortar todo, absolutamente todo, porque era increíble lo que veía. También me ví a mí mismo, y comprendí muchas cosas más sobre mí y mis actos.
Me había dado cuenta que con mis actitudes, había maltratado y lastimado a muchas personas que quería y quiero. Lo que hice fue acercarme a esas personas para pedirles que me perdonaran, y lo hicieron. Una de esas maravillosas personas, no sólo me perdonó sino que me invitó a compartir con ellos la Palabra y a congregarme en una, justamente, nueva iglesia.
Soy hombre nuevo en Cristo, y me tiene prometido grandes cosas. Lo que me ha pasado, ha debido suceder. No tenía escapatoria. Era lo que tenía que pasar, para aprender, conocer, fortalecerme y, de alguna manera, hacer la obra del Señor. Siento su llamado para hacer lo que siempre he deseado hacer, ya no en mis fuerzas, sino en las de Él: servir a los demás. Soy hombre nuevo en el Espíritu Santo, y ahora solo me dejo llevar por Él, yo no decido nada, sino es a través de Su Palabra y Su Voluntad. Sigo siendo terrenal, espero no seguir cometiendo errores, pero ahora soy consciente de todo y de cada una de mis emociones. Toda promesa que haga de ahora en adelante, tengan la plena seguridad que será cumplida.
Una de ellas es evitar relacionarme o vincularme en relación de pareja con alguna mujer casada o comprometida. Es maldición y lo he experimentado. Con mi experiencia, hijos, Diego, Arturo, Gaby, eviten transitar por lo que yo, porque no conduce a nada o te retrasa en las cosas que deseas hacer o lograr.
Para terminar, deseo compartir con ustedes lo siguiente:
Jesús, causa de división
No penséis que he venido a traer paz a la tierra; no he venido a traer paz, sino espada, porque he venido a poner en enemistad al hombre contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra. Así que los enemigos del hombre serán los de su casa. El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halle su vida, la perderá; y el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.
Antes de empezar a compartir con ustedes acerca de mi experiencia con Jesús, pido al Señor Todopoderoso que los ilumine, les de sabiduría y discernimiento para que me puedan y puedan comprender, lo que a continuación les manifiesto:
Hoy, jueves 25 de octubre de 2007, desde Iquitos, les puedo decir que he vivido durante 33 años metido en la oscuridad, en las sombras, en la muerte, en el lodo, en el infierno, en la mierda.
Durante todo ese tiempo, he creído solamente en mí, en mis poderes, en mis fuerzas, en mi capacidad, en las delicias y en los placeres de la carne: lujuria, perversión, adulterio, fornicación, drogas; y todo lo que les es posible imaginar. Así he vivido durante ese tiempo.
Pero todo esto ha ocurrido porque yo lo permití, yo acepté esa forma de vida, y mi soberbia y arrogancia me decían que todo estaba bien y que podía continuar, porque veía que lograba éxitos, conseguía cosas y que con eso era suficiente, y hasta podía lograr y conseguir todo lo que yo quisiera. Sí. Lo hacía, pero nunca era permanente. Nunca era para siempre ni duraba lo suficiente.
Lo que yo desconocía era que la razón de este estado de cosas (promesas incumplidas, escepticismo de vuestra parte por lo que les decía, retrasos en nuestros objetivos, frustraciones, etc.) era el producto de la forma en que estaba viviendo.
Siempre he sabido (porque lo sentía antes y lo siento más hoy) que tenía ciertas facultades y facilidades para sentir y conocer a las personas; sin embargo, debo decir que también existen fuerzas sobrenaturales que tienen un poder que quieren igualar al del Señor, que me bloqueaban y apenas podía discernir y tener la certeza de lo que ocurría alrededor mío.
Todos somos LUZ y SOMBRA. Mi Luz en esa vida era menor que la Sombra, pues ésta la dominaba. Pero esa pequeña Luz era poderosa, porque era el deseo mío de servir y ayudar a los demás, que lo llevaba siempre en mi Corazón. Eso nunca lo dejé, pues lo exteriorizaba con la política y mis acciones. Eso fue lo que me salvó de ir más allá de la mierda en la que estaba metido.
Y esa pequeña Luz se hizo mayor y fue creciendo en mí cuando estuve en Lima el 2005, en la soledad, en el silencio, en la reflexión, en la meditación. Ya antes había aceptado al Señor, pero no “ejercía”, no lo vivía, era frío.
Sin embargo, ya de vuelta en Iquitos el 2006, seguía ciego y muerto en vida, caminando como dormido. Seguía en la misma vida y peor, porque en mi desconocimiento, seguía siendo cómplice de perversiones, aberraciones y atrocidades. La casa en la que alguna vez vivimos últimamente, realmente era el infierno y la oscuridad y por eso la lucha constante entre nosotros (la familia) y yo con aquella persona, porque estaba muy cerca de saber lo que realmente estaba ocurriendo. Sentía lo que pasaba, pero por alguna extraña razón, me era difícil entender lo que debería haber sido realmente fácil conocer.
Fue en este año, febrero o marzo, en que cambiaron muchas cosas en mí. Mejor dicho se profundizaron: deseaba estar solo, estaba metido en esa cueva en que se convirtió el cuarto en el que vivía, no deseaba ver a nadie, rehuía de todo contacto con el exterior, gustaba de la noche para sentirme libre, todavía era presa fácil para que conmigo continuaran haciendo lo que deseaban. Pero la voluntad del Señor es tan grande, que esa debilidad me lo convirtió en fortaleza: esa cueva se convirtió en el medio para aislarme, sosegarme y meditar y aprender a orar. Empecé a leer muchos libros, y escribía sobre eso y me alentaba a seguir escribiendo. Los libros eran muchos: meditación, autoayuda, historia, biografías, novelas, cuentos. Y encontraba en cada libro un mensaje que iba despertando en mí nuevas sensaciones e inquietudes. Pero el libro más importante que empecé a leer con gusto, reflexión y meditación fue La Biblia. Poderosas palabras del Señor que son capaces de cambiarlo todo, absolutamente todo.
Sentía la necesidad de acercarme más al Señor y lo acepté en mi Corazón, más que por pena, tristeza o dolor, por conocerme, conocer a los demás y conocer lo que ocurría alrededor mío.
Es así que empiezan a ocurrirme cosas extrañas y maravillosas: empiezo a “ver” señales en la televisión, en los diarios, empiezo a estar en estado de plena consciencia, de saber con certeza lo que estaba ocurriendo. Las señales se manifestaban en palabras o en números.
Fue en el mes de junio que, coincidiendo con un viaje que hizo la sombra con la que vivía, que mi mente increíblemente se despejó y empecé a escribir artículos políticos y propuestas como hacia mucho tiempo no lo había hecho. Escribía fervorosa y frenéticamente, sentía la necesidad de expresarme, de decir lo que tenía que decir, esos fueron momentos de intensa lucidez que no lo comprendía, no me cansaba de escribir, me amanecía y no me sentía cansado, deseaba continuar haciendo lo que estaba haciendo, y enviaba mis escritos por correo electrónico a mucha gente.
En esos días, a finales de junio, “inauguro” mi blog y cuelgo ahí los artículos que había escrito recientemente. Pero las señales me habían llevado a leer a Santiago. Ahí el Señor me decía que continuara teniendo la actitud de servicio y amor hacia los demás. Posteriormente, revisando los artículos que había escrito, me percaté que las fechas eran una sucesión interesante: 7, 14 y 21. Lo primero que hice fue asociar estos números con La Biblia. Pensé que era el capítulo 7 y los versículos 14 al 21 de alguna parte de La Biblia. Estaba muy inquieto por saber de qué se trataba.
Un domingo de San Juan (24 de junio), estando en la casa de mamá Vita, me dice que se van al estadio al Festival de los Ríos (festival cristiano). Al retorno, mamá Vita me entrega un folleto: era la respuesta que esperaba. La carátula decía Efesios. Me dije, éste es. Y fui a La Biblia a buscar el capítulo 7 de Efesios. Pero no había. Solo tiene 6 capítulos. Entonces, ¿qué es? me pregunté. Y lo que hice fue leer los versículos 7, 14 y 21 de cada capítulo de Efesios.
Fue la experiencia más maravillosa que tuve en mi vida. Mientras leía los versículos, sentía que me iba inundando una luz que empezaba desde mis pies, e iba subiendo por todo mi cuerpo, hasta coparlo todo; me hizo ver una luz intensa que me hizo sentir indestructible, imparable, invencible, todopoderoso. Pero lo que ví y sentí a continuación, fue extraordinario, sensacional, increíble: Yo era todo el Universo y el Universo era en Mí. Eramos todo en uno. Y lo vi en una luz intensa, clara, indescriptible. Fueron los momentos más maravillosos que puedo siquiera describir, porque la sensación de poder de ese momento era tal que ya para mí, nada era imposible en este nuevo estado.
Al terminar la lectura de los versículos, me fui a sentar en la mecedora que está en la sala frente al televisor. Lloré intensamente sin decir nada, con gruesas lágrimas que nunca antes habían salido de mis ojos. El llanto era de alegría, de felicidad, de sorpresa, de admiración, de incredulidad; porque me decía y preguntaba a mí mismo ¿Quién soy yo para recibir todo esto? ¿porqué me ha elegido a mí, si ni siquiera me lo merezco, sabiendo quién soy yo? ¿cuál es la razón de haberme dado esta intensa señal?.
Luego del llanto silencioso, me invadió y sentí una paz, una tranquilidad y una armonía tan intensa y plena como nunca antes, que a su vez me hizo sentir como una nueva criatura, un recién nacido, un nuevo hombre. Me sentí renovado, me sentía otra persona, una nueva persona.
Hasta aquí, aun vivía yo en la oscuridad. Todavía no me mudaba. Pero sentía la necesidad de salir de esa cueva. Sentía una fuerza que me decía que saliera lo más pronto de allí. Y así lo hice. Sin decir a nadie nada, sin hablar con nadie, embalé todas mis cosas y le pedí prestado su carro a papá Ernesto y me mudé a su casa, previo conversado con él y mamá Vita. En principio, salí como si todo continuaría igual con respecto a esa relación. Pero, estando en mi nuevo aposento, pude ver a la distancia muchas cosas nuevas que se me revelaban.
Pero aun no veía todo. Fue necesario y fundamental, luego de leer un versículo al respecto, que aceptara a Jesús en mi Corazón, porque ya el Señor, nuestro Dios estaba en mí, pero faltaba Jesús. Lo que ocurrió luego de esto (aceptar a Jesucristo) fue mucho más increíble: me permitió “ver” todo lo que estaba pasando, lo que había pasado en mi vida con esa persona, y quién era realmente esa persona. Ese fue el momento en que decidí cortar todo, absolutamente todo, porque era increíble lo que veía. También me ví a mí mismo, y comprendí muchas cosas más sobre mí y mis actos.
Me había dado cuenta que con mis actitudes, había maltratado y lastimado a muchas personas que quería y quiero. Lo que hice fue acercarme a esas personas para pedirles que me perdonaran, y lo hicieron. Una de esas maravillosas personas, no sólo me perdonó sino que me invitó a compartir con ellos la Palabra y a congregarme en una, justamente, nueva iglesia.
Soy hombre nuevo en Cristo, y me tiene prometido grandes cosas. Lo que me ha pasado, ha debido suceder. No tenía escapatoria. Era lo que tenía que pasar, para aprender, conocer, fortalecerme y, de alguna manera, hacer la obra del Señor. Siento su llamado para hacer lo que siempre he deseado hacer, ya no en mis fuerzas, sino en las de Él: servir a los demás. Soy hombre nuevo en el Espíritu Santo, y ahora solo me dejo llevar por Él, yo no decido nada, sino es a través de Su Palabra y Su Voluntad. Sigo siendo terrenal, espero no seguir cometiendo errores, pero ahora soy consciente de todo y de cada una de mis emociones. Toda promesa que haga de ahora en adelante, tengan la plena seguridad que será cumplida.
Una de ellas es evitar relacionarme o vincularme en relación de pareja con alguna mujer casada o comprometida. Es maldición y lo he experimentado. Con mi experiencia, hijos, Diego, Arturo, Gaby, eviten transitar por lo que yo, porque no conduce a nada o te retrasa en las cosas que deseas hacer o lograr.
Para terminar, deseo compartir con ustedes lo siguiente:
Jesús, causa de división
No penséis que he venido a traer paz a la tierra; no he venido a traer paz, sino espada, porque he venido a poner en enemistad al hombre contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra. Así que los enemigos del hombre serán los de su casa. El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halle su vida, la perderá; y el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.
Mateo 10:34–39.
Los amo.
Miguel Checa
Miguel Checa
PD. Mientras les escribía este testimonio al mediodía de hoy, me estaban robando la moto de la puerta de la casa (marca Honda, modelo 125 Bros KS, color azúl, año 2005, placa MY-74320). Sólo me queda decir que ninguna fuerza impedirá que continúe por el Camino que elegí seguir: NADA NI NADIE ME PODRÁ DETENER, porque el Poder del Señor es mucho más que el poder de la oscuridad. Toda prueba nueva será bienvenida y, también, vencida. Así de claro. Así de fácil.
A SUS PIES HAY PAZ - Jesús Adrián Romero
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GRACIAS - Marcos Witt
6 comentarios:
A mi también me paso algo parecido y no se que significará... engo muchas dudas, :S
quisiera que me ayude a desifrar!!..
Saludos!!
Estimada/o amiga/o: Si la experiencia ha sido parecida nada hay que descifrar, ya que pudiste "ver" tal como lo relato, si es a lo que te refieres. En todo caso, mal haría en pretender descifrar lo que solamente la persona que tiene la experiencia lo ha vivido y lo entiende. Estas vivencias son personalísimas, ya que sólo uno sabe lo que hecho y vivido.
Gracias por comunicarte.
Miguel Checa
Hola Miguel:
Que maravilloso testimonio el tuyo, me alegra que Dios este transformando tu corazón. Ser cristiano es un estilo de vida a seguir dia a dia. Que Dios te bendiga y te tendré en mis oraciones. May God bless you!
Rosa
Bolsa de Valores (Iquitos).
Gracias, Rosita. Muchas gracias. Para la gloria del Señor, solo fui Su instrumento para escribirlo de esa forma. Sin parar. De principio a fin. Que el Señor te bendiga.
Buen dia Miguelito:
Gracias por compartir tu testimonio de vida, aquellas vivencias son experiencias que te hicieron acercar al Señor para que hoy renovado puedas dar Fé de que él con su infinito poder puede hacer de nosotros personas nuevas.
Siempre digo: Todo sucede por algo y tiene un por qué, es mas, de no haberte suscitado todo ello, no estarias aqui en Lima y compartido conmigo el cambio que Dios ha hecho con tu vida.
Muchas gracias nuevamente y agradezco la confianza que me has tenido para compartir tu blog.
Y que sigas recibiendo las bendiciones de nuestro Creador.
Un abrazo,
Elsa Panta
Muchas gracias, Elsita, por tus palabras. En efecto, tuvieron que ocurrirme muchas cosas para conocer que, realmente, existe un sólo Dios que tiene preparado muchas cosas para nosotros, y que las desconocemos.
Nunca ha estado en mis planes el residir en Lima tanto tiempo; pero, todo lo que nos ocurre, es siempre para bien: he podido conocerte, y compartirte mis experiencias.
Un fuerte abrazo, y espero que nos veamos pronto.
Que el Señor te bendiga :)
Miguel Angel
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