martes, 30 de septiembre de 2008

NADA ES COINCIDENCIA

NADA ES COINCIDENCIA

En los últimos meses, y más en estos últimos días, están ocurriendo cosas en mi vida que yo las llamo "coincidencias". A aquellos hechos y acontecimientos, no deseo adjetivarlas (maravillosos, tristes, emocionantes, alegres, inolvidables, decepcionantes, etc., etc., etc.). Lo que sí me queda muy claro es que, en realidad, TODO LO QUE NOS OCURRE DÍA CON DÍA, NUNCA ES COINCIDENCIA. Es lo que debe ser. Es lo que debe pasar. Es lo que debemos saber; y continuar. A pesar de todo. A pesar de lo que sentimos. Es parte de un Gran Plan Maestro que nadie lo puede evitar. Y lo único que debemos hacer, es dejar que las cosas fluyan, que las cosas ocurran. Y caminar confiados. Caminar con FE. Caminar hacia adelante. Sin mirar atrás.

A continuación transcribo un ensayo para meditar, tomado de Tiempo con Dios, del día de hoy martes 30 de setiembre de 2008, página 141. También transcribo un extracto de Mi Testimonio que, oportunamente, fue dirigido a mis hijos, y luego publicado en este blog. Como digo, NADA ES COINCIDENCIA.

Tiempo de aprender la humildad

En el verano pasado, ocurrió un incidente que trajo mucha repercusión en la sociedad coreana; el señor Lee Eo-ryeong recibió el bautizo, que siendo el ministro de cultura de Corea, era considerado como el símbolo de la inteligencia coreana. Este hombre armado con la razón, y que criticaba tanto al cristianismo, se arrodilló ante Cristo. Esto sucedió ya que Lee se había encontrado con un desierto en su vida. Cuando su hija Jang Min-a corría el riesgo de perder la vista mientras luchaba contra el cáncer, y cuando su nieto se había recuperado del autismo, pudo aceptar a Dios. En una entrevista, Lee confesó: "Una persona que no haya sufrido desesperación, nunca podrá tener la espiritualidad. Es difícil obtenerla, si no pasa por un caso dramático como la autodestrucción. Es por eso que para aquellos que tienen la comodidad mundana es difícil aceptar a Dios. En la tierra no sólo existe luz, sino también oscuridad. El hombre puede superar el límite humano para entrar al plano espiritual, cuando conoce la luz y la oscuridad."

Lee mismo se dice que los manuscritos que él escribió antes, son diferentes a los que escribe ahora. Se ha convertido de un sabio soberbio a un sabio humilde. Si por casualidad está pasando por un tiempo de desierto, espero que comprenda que es un tiempo para aprender la humildad. Espero que sepa que la ayuda de Dios es su única esperanza. Ruegue por ella.

(El cuento que hace llorar a Dios)/Kim Byeong-sam


A MIS HIJOS. MI TESTIMONIO (extracto)

(...) Pero todo esto ha ocurrido porque yo lo permití, yo acepté esa forma de vida, y mi soberbia y arrogancia me decían que todo estaba bien y que podía continuar, porque veía que lograba éxitos, conseguía cosas y que con eso era suficiente, y hasta podía lograr y conseguir todo lo que yo quisiera. Sí. Lo hacía, pero nunca era permanente. Nunca era para siempre ni duraba lo suficiente.

Lo que yo desconocía era que la razón de este estado de cosas (..) era el producto de la forma en que estaba viviendo.

Siempre he sabido (porque lo sentía antes y lo siento más hoy) que tenía ciertas facultades y facilidades para sentir y conocer a las personas; sin embargo, debo decir que también existen fuerzas sobrenaturales que tienen un poder que quieren igualar al del Señor, que me bloqueaban y apenas podía discernir y tener la certeza de lo que ocurría alrededor mío.

Todos somos LUZ y SOMBRA. Mi Luz en esa vida era menor que la Sombra, pues ésta la dominaba. Pero esa pequeña Luz era poderosa, porque era el deseo mío de servir y ayudar a los demás, que lo llevaba siempre en mi Corazón. Eso nunca lo dejé, pues lo exteriorizaba con la política y mis acciones. Eso fue lo que me salvó de ir más allá de la mierda en la que estaba metido.

Y esa pequeña Luz se hizo mayor y fue creciendo en mí cuando estuve en Lima el 2005, en la soledad, en el silencio, en la reflexión, en la meditación. Ya antes había aceptado al Señor, pero no “ejercía”, no lo vivía, era frío.

Sin embargo, ya de vuelta en Iquitos el 2006, seguía ciego y muerto en vida, caminando como dormido. Seguía en la misma vida y peor, porque en mi desconocimiento, seguía siendo cómplice de perversiones, aberraciones y atrocidades. La casa en la que alguna vez vivimos últimamente, realmente era el infierno y la oscuridad y por eso la lucha constante entre nosotros (la familia) y yo con aquella persona, porque estaba muy cerca de saber lo que realmente estaba ocurriendo. Sentía lo que pasaba, pero por alguna extraña razón, me era difícil entender lo que debería haber sido realmente fácil conocer.

Fue en este año, febrero o marzo, en que cambiaron muchas cosas en mí. Mejor dicho se profundizaron: deseaba estar solo, estaba metido en esa cueva en que se convirtió el cuarto en el que vivía, no deseaba ver a nadie, rehuía de todo contacto con el exterior, gustaba de la noche para sentirme libre, todavía era presa fácil para que conmigo continuaran haciendo lo que deseaban. Pero la voluntad del Señor es tan grande, que esa debilidad me lo convirtió en fortaleza: esa cueva se convirtió en el medio para aislarme, sosegarme y meditar y aprender a orar. Empecé a leer muchos libros, y escribía sobre eso y me alentaba a seguir escribiendo. Los libros eran muchos (...). Pero el libro más importante que empecé a leer con gusto, reflexión y meditación fue La Biblia. Poderosas palabras del Señor que son capaces de cambiarlo todo, absolutamente todo.

(...) Un domingo de San Juan (24 de junio), estando en la casa de mamá Vita, me dice que se van al estadio al Festival de los Ríos (festival cristiano). Al retorno, mamá Vita me entrega un folleto: era la respuesta que esperaba. La carátula decía Efesios. Me dije, éste es. Y fui a La Biblia a buscar el capítulo 7 de Efesios. Pero no había. Solo tiene 6 capítulos. Entonces, ¿qué es? me pregunté. Y lo que hice fue leer los versículos 7, 14 y 21 de cada capítulo de Efesios.

Fue la experiencia más maravillosa que tuve en mi vida. Mientras leía los versículos, sentía que me iba inundando una luz que empezaba desde mis pies, e iba subiendo por todo mi cuerpo, hasta coparlo todo; me hizo ver una luz intensa que me hizo sentir indestructible, imparable, invencible, todopoderoso. Pero lo que ví y sentí a continuación, fue extraordinario, sensacional, increíble: Yo era todo el Universo y el Universo era en Mí. Eramos todo en uno. Y lo vi en una luz intensa, clara, indescriptible. Fueron las fracciones de segundos más maravillosas que puedo siquiera describir, porque la sensación de poder de ese momento era tal que ya para mí, nada era imposible en este nuevo estado.

Hasta aquí, aun vivía yo en la oscuridad. Todavía no me mudaba. Pero sentía la necesidad de salir de esa cueva. Sentía una fuerza que me decía que saliera lo más pronto de allí. Y así lo hice (...).

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