domingo, 10 de agosto de 2008

El caso Arana por César Hildebrandt

El caso Arana

por César Hildebrandt (*)

“El Comercio” y RPP son naves insignias de la armada vencible del periodismo. Porque “El Comercio” y RPP se las ingenian siempre para sacarle provecho crediticio a los gobiernos, obtener publicidad estatal a camionadas y favorecer a todo aquel que haya pasado por la bendición de la Confiep y la hostia de los doce apóstoles resucitados al tercer día.

Con Fujimori, “El Comercio” fue comprensivo, taimado y aprovechador hasta el año 2000, el año terminal de esa sepsis que padeció el Perú. Hasta el 2000, en suma, “El Comercio” se agachó ante la dictadura, le sacó ventajas publicitarias y fue un diario que Fujimori leía sin temor alguno cada mañana.

¿Y RPP? Pues RPP producía algunas arcadas. Se la pasó toda la dictadura adulando al dictador, prestándose a los sicosociales que preparaba el SIN y –lo que es peor- ignorando los crímenes y desacreditando a sus testigos y a las víctimas. Una voz cavernosa franeleaba, otra voz, que después llegó al Congreso en la lista del fujimorismo triunfador, sobaba y una tercera voz –la de Humberto Martínez Morosini, qué vergüenza- silbaba. Las tres voces componían el trío imaginario “Los Panchos del SIN”.

¿Y no vimos, acaso, en los vladivideos, a Manuel Delgado Parker –dueño de RPP- pidiéndole favores (y obteniéndolos) a Vladimiro Montesinos y casi armando paneles de periodistas con ese delincuente?

A mí que no me vengan con que no me acuerdo y desconozco mayormente. Porque yo sí me acuerdo y tengo los audios, los videos y los recortes necesarios para demostrar que “El Comercio” y RPP fueron funcionales al fujimorismo, cobardes cuando las papas quemaban y más bien sordidones cuando se trató de recibir favores judiciales de la dictadura.

¿O es que ya nadie recuerda que la fiscal fujimorista Julia Eguía fue la que archivó, por órdenes de Montesinos, el proceso penal que pudo mandar a la cárcel a medio directorio de “El Comercio”, acusado por el gerente general del periódico (nada menos) de evasión de impuestos, estafa y delitos contra la fe pública?

Pues bien, continuando con la tradición, “El Comercio” y RPP han sido y son fieles defensores del gobierno de Alan García. Cuando García leyó su mamotreto del 28 de julio del 2008 –reciencito nomás-, “El Comercio” escribió en su editorial: “En suma, vamos por buen camino. Mantenemos el programa económico y nos enrumbamos al desarrollo económico que debe ser también social”. ¡Mejor ni “La Tribuna”!

Y en cuanto a RPP, todos los días don Raúl Vargas nos recuerda que el miedo existe, el acomodo existe, el silencio existe. Por eso es que Vargas es un existencialista de renombre. Y si examinamos a Chema Salcedo –tan afónico él en la época podrida de Fujimori- encontraremos el mismo contenido (sólo que euforizado por dos litros de Red Bull o algo parecido).

Claro que el actual gobiernismo del Chema no tiene la intensidad de su amorío con el fujimorismo, que mucho tuvo de obsesión y desvarío –el otro día dijo que estaba muy bien lo de “Los iracundos” cantándole “Happy Birthday” al acusado de instigar el asesinato, entre muchos otros, de un niño de 8 años-.

En resumen, que “El Comercio” y RPP siguen siendo dos importantes miedos de comunicación (corrector: he puesto miedos de comunicación).

El problema, sin embargo, es que, de tanto acomodo por aquí y de tanto silencio por allá, “El Comercio” y RPP están recibiendo noticias no muy agradables.

En el último boletín sobre lectoría de periódicos, la muy seria CPI confirma un dato que más o menos se intuía pero que no deja de sorprender: en ninguna de las15 ciudades más importantes del país figura “El Comercio” como el diario más leído. Pero ni de lejos.

En Arequipa está en sétimo lugar, después de “Líbero”. En Chiclayo figura en el noveno. En Chimbote está penúltimo (hasta “Perú 21”, su joven promesa, está encima de él). En el Cusco anda en el quinto puesto mientras que en Huancayo tiene una participación de 3,6% de lectoría frente al 71,6% del líder, que es el “Correo” huancaíno.

Y así, esta megamuestra de CPI, basada en 10,200 entrevistas hechas en casa y 3,400 planteadas en la calle, demuestra que “El Comercio” es, cada día más, un diario desdeñado en provincias, insignificante en el rebelde interior del país. “El Comercio”, en suma, corre el riesgo de convertirse en un limeñismo, un tic de Eisha, una manía heredada y siempre reaccionaria.

¿Y RPP? Pues resulta que a CPN, que siempre estuvo pisada cuando la subfinanciaba Romero Caro y la dirigía un señor llamado Ku, la han comprado unos mineros que quieren convertirla en competencia para RPP. Ya le jalaron a Fernando Armas, su mejor humorista sin contar al señor Vargas, y están preparando una parrilla que puede arder muy bien.

Los análisis de mercado de ambas firmas –“El Comercio” y RPP- apuntan a que una de las debilidades que más los perjudica es ese airecito oficialista, esa facha inevitable de Angie Cepeda ganándose el pan con el sudor de su frente en lo de Pantaleón.

Así que el otro día a ambas firmas les cayó como anillo al dedo que García tratara absurdamente mal a un reportero balbuceante y desinformado que fue, en efecto, a ver si lograba algo.

Y claro que lo logró. Al día siguiente “El Comercio” se vistió de opositor y salió a la calle en bividí, a ver si despierta las pasiones de antaño. Y salió Raúl Vargas a decir que “el periodismo es incómodo por definición”. Y salió de la nada hasta Juan Paredes para decir –como nadie lo diría- que el asunto del nombramiento de Carlos Arana “es muy importante para el país”. Y así fue saliendo el elenco de la prensa confiepista –incluyendo a las guasonas de la noche y a los pájaros fruteros- a advertirle a García que si no hace lo que ellos quieren, y con los modos que ellos demandan, se acabó la relación, cada uno a su catre y a ver qué golpe a lo Bustamante y Rivero te armamos.

A mí el señor Arana ni me va ni me viene. Ni lo conozco ni lo conoceré. Y creo que todos saben qué pienso de muchos aspectos de este gobierno.

Pero no me voy a sumar a histerias teatrales ni voy a aplaudir a la división blindada de la derecha mediática saliendo con sus tanques a la calle.

He oído los audios y examinado el asunto y tengo que decir que el señor Wálter Samuel Neyra, el reportero de RPP que comenzó todo este escandalete, no honra al gremio. Primero porque es capaz de decir “una resolución en el cual”. Segundo, porque no sabía nada del asunto y lo demostró admitiendo que las irregularidades achacadas a Arana eran, realmente, “supuestas irregularidades”. Y tercero, porque, en efecto, dio la impresión de estar haciéndoles el cover a “El Comercio” y a Augusto Álvarez Rodrich.

No sé si Arana es un búfalo con ganas de entrar a saco en la administración pública. Lo que sí sé es que, en lo formal, el expediente que lo cuestiona como dador de datos falsos en relación a una empresa constructora está en el tribunal del Consucode, a la espera de un veredicto. Por lo tanto, se trata de un acusado y no de un convicto. De un cuestionado, no de un reo.

Y la prensa no puede ser llevada de las narices por “El Comercio” y RPP, que lo que quieren es volver a demostrar que en este país quienes mandan son los de toda la vida y que cholos levantiscos como Arana –que de eso también se trata, de su pizca de clasismo racista- no deberían estar en cargos de confianza. Sobre todo si no lo ha escudriñado Vega Llona, aprobado Roque Benavides y fotografiado la señorita Peschiera, editora de Sociales de “El Comercio”.

Que los payasos entiendan: hay periodistas que estamos hartos de que la derecha decida qué banalidad distractiva debe ir en primera plana. Y todo para disimular el verdadero menú que quisieran esconder: su entusiasmo egoista por el modelo económico que García ejecuta como si del mariscal Benavides se tratara.

(*) Periodista columnista del diario La Primera. Tomado de la edición del domingo 10 de agosto de 2008.

1 comentario:

jhonbazan dijo...

Es la historia de siempre...

A fines de 1993 todos los periódicos, radios y televisoras –con excepción de El Comercio, Gestión y Canal 5— estaban quebrados. Se les habían acumulado millonarias deudas con la Sunat que crecían a velocidad geométrica por las moras y las multas. En teoría, el cierre de todos los medios de expresión –salvo las excepciones señaladas— era inminente… Dentro de esta situación Oiga se hallaba en una posición especial. Hasta hacia pocos meses había estado entre las excepciones, pues sus continuos desencuentros con distintos gobiernos obligaban a su administración a estar al día en los tributos, pieza clave para ajustes de cuenta con el Estado... Pero de pronto se había colocado en la disyuntiva de pagar la planilla de empleados o el impuesto del 18% a la venta de periódicos, impuesto abusivo que no existe en ningún país que respete la cultura… La decisión había sido cubrir la planilla, ya que de lo contrario no aparecía la revista… Y de esa forma se inició también en Oiga el huaico de las multas y las moras… Su deuda global en esos momentos era, sin embargo, una insignificancia al lado del de las otras publicaciones, aunque de cifras imposibles de cancelar para la debilitadísima economía de Oiga, castigada sin piedad por el sabotaje publicitario del Estado y de los amigos del gobierno y, además, descapitalizada por el esfuerzo que había hecho para estar al día en el pago de tributos…

En tales circunstancias, los directivos de la prensa acogotada por la Sunat, acuden donde el señor Santiago Fujimori, quien, por intermedio del publicista Oscar Dufour, era el hombre del régimen encargado de las relaciones con los medios de difusión. Para ello y para otros menesteres, Santiago Fujimori dirigía a la Sunat (todas las noches esta entidad le daba un informe detallado de sus actividades). Pero a esa reunión no se invitó expresamente a Oiga. Fue el único periódico con problemas excluido de este cónclave en el que se llegó al acuerdo de que los medios cancelarían sus deudas con la Sunat colaborando con el gobierno en un gigantesco programa educativo.

A la reunión para concretar este acuerdo, sí fui invitado, porque al parecer no se quería que alguien de la oposición quedara excluido del arreglo, para que nadie estuviera libre de paja para citarlo.

La citación la hizo el señor Alfredo Jalilie, el hombre de la Caja del Ministerio de Economía y brazo derecho del poderoso ministro Jorge Camet, y el encuentro se produjo en el Ministerio, presidido por Jalilie, con el señor Carlos Orellana a su lado, como delegado de Palacio. También asistía el señor Federico Prieto Celi, del Ministerio de Educación, periodista de larga y limpia trayectoria que se encargaría de monitorear el famoso programa de educación, cuyo objetivo era la impresión de millones de textos escolares y cuadernos que se haría en los talleres de diarios y revistas, etcétera, etcétera.

El acuerdo provisional acordado con el señor Santiago Fujimori (*) –personaje central del régimen sin ningún cargo oficial responsable era un enorme disparate…

-El proyecto no tiene pies ni cabeza— comencé diciendo, apenas se expuso la propuesta.

Prieto Celi, que había acudido con una serie de ayudantes y una ruma de modelos para escoger, abrió desconcertado los ojos, yo continué:

-Sería un disparate imprimir textos escolares en papel periódico y más todavía usar ese papel para cuadernos. La propaganda a favor del gobierno le resultaría al revés, pues esos cuadernos no servirían para nada y los libros se desbaratarían en un dos por tres.

-Se podrían hacer en bond.

-Si las rotativas usan el bond nacional destruirían sus rodillos por el polvillo que suelta ese papel… Y si se usa bond importado la lavada va a resultar más cara que la camisa; tanto por el precio de ese bond como por los impuestos aduaneros y el IGV para el papel.

Cara de desolación en la sala. Prieto Celi se achicó detrás de las rumas de sus modelos. También Orellana sintió inseguridad en el piso. Alfredo Jalilie quedó imperturbable y me dedicó unas palabras de elogio.

Otros, más realistas, propusieron un arreglo publicitario. Los medios pagarían sus deudas a la Sunat con avisaje estatal.


Mientras se producía el debate, yo, que soy lerdo para expresarme verbalmente y porque se me podrían escapar algunos ajustados exabruptos, me dediqué a poner por escrito mis puntos de vista contrarios por completo al arreglo, ya que la solución no estaba en llegar a comprometidos acuerdos con el gobierno sino liberar de ciertas cargas tributarias a la cultura, como el 18% a las ventas, igual que en la mayoría, por no decir en todos los países civilizados del mundo… Y cuando se agotó el debate decidiéndose por el arreglo con avisaje, leí mi texto que luego publiqué como editorial.

-No se pueden hacer excepciones con el IGV –fue la respuesta.

-¿y por qué se exceptúa al juego de bolsa, a las aefepés y a otras actividades puramente lucrativas?

-La prensa no es cultura. Lean El Mañanero –metió su cuchara un funcionario, lector sin duda de basura amarilla.

-Si no leyera usted periódicos no tendría usted su geografía ni su historia al día. Sería usted un analfabeto cultural. No cultivaría, si la tiene, su educación cívica.

Sin embargo, más tarde, por presión de la administración de Oiga, que se aferraba ilusamente a esperanzas imposibles, cedí y acepté el “arreglo”, que era muy simple: el tesoro público, o sea Jalilie, extendía un cheque por el monto de la deuda de cada empresa y ésta lo endosaba a la Sunat. A cambio de tan simple “arreglo”, el responsable –en el caso de Oiga, yo— aceptaba un pagaré con el gobierno, poniendo de garantía casa, autos, cuentas corrientes, etcétera. Mientras que el Estado prometía –sin documento— publicar avisos hasta cumplir con el monto del pagaré.

Y, como estaba previsto, los anuncios o avisos se fueron publicando de acuerdo al capricho del régimen. Rápido y bien valoradas las notas en los periódicos amigos y lenta y mal pagadas en los órganos de la oposición radical.

-Podía haber sido nunca.

Por eso, apenas rescaté el comprometido pagaré, resolví liquidar Oiga, lo que no resultó fácil. Más, mucho más complicado y difícil es desbaratar que crear una empresa.

-¿Y la prensa que tenía en orden sus cuentas con la Sunat?...

Cuando se produjo el acuerdo protestó airado el Canal Cinco, con un argumento válido: no era justo que se castigara a los cumplidos… Por lo que fueron premiados los que estaban al día… Y a Oiga se la volvió a discriminar. No se quiso hacer caso al alegato de que su situación era especial, pues siempre habían estado en orden sus pagos al fisco, con lo que se había descapitalizado, y siendo su retraso reciente… no podía ser tratada igual que las que nunca pagaron y no se descapitalizaron…

Su alegato fue al tacho de basura.

Todo eso lo miro con frialdad y no me arrepiento ni me quejo…

La lucha por lo que yo creo es la verdad no cesa porque imponderables decisiones del destino, por mano del poder político de turno, me obligaron al cierre de las puertas de mi revista Oiga. Siempre quedará la revista, lo escrito en ella, como el testimonio vital de mi compromiso conmigo mismo y con mis deberes cívicos y mi bandera inabdicable de ayer y de mañana, de siempre… Testimonio que continúa con mis libros y colaboraciones en la prensa…

(*) El maestro se refiere, desde luego, al famoso “cónclave” del Pentagonito, realizado antes de la cita que nos ocupa. A esta reunión se dice que, además del hermano menor del presidente Fujimori, también asistió Víctor Joy Way, hombre fuerte del régimen y posteriormente Ministro de Economía. JHON BAZAN, Oiga!, Don Paco!, Cuadrilátero Político.